Un presidente inflexible le amarga la fiesta a Enrique Ponce en Zaragoza

Ajouté le: 13-10-2018 08:49

Exactamente como sucedió con El Fandi el pasado martes, un presidente rígido e inflexible se negó a atender laa petición de dos de las tres orejas que el público que llenó hoy la plaza de Zaragoza pidió para Enrique Ponce, que con oficio y habilidad propició el espectáculo de una tarde amable y festiva.

 


En el día grande del Pilar, la gente acudió a la plaza con ganas de divertirse, de presenciar, pasara lo que pasara, una corrida, a ser posible, con muchas orejas cortadas, que es como los públicos masivos evalúan su grado de satisfacción cuando salen de la plaza, aunque poco de lo visto les quede en la memoria.

 

Así, una vez que los casi 10.000 espectadores se volcaron en aplaudir tras el paseíllo las notas del himno nacional, ya pidieron, con más o menos fuerza, una primera oreja para Enrique Ponce del noble y dócil toro que abrió plaza, al que el maestro valenciano le hizo una faena inconcreta, casi siempre colocado en la pala del pitón de un animal que, poco exigido, mantuvo intactas sus energías.

 

Tras una buena estocada, el presidente decidió no atender a la mayoría y denegó el trofeo, ante el visible y ostentoso enfado del torero, que se sintió ninguneado por la autoridad. Pero, para acrecentar su malestar, aún estaba por llegar la negativa presidencial de los dos trofeos que le quisieron dar en el quinto.

 

Y es que, justo cuando la tarde había entrado en un opaco bache, Ponce se esmeró en sujetar las huidas de un manso voluminoso y de obsesiva querencia hacia las tablas. Solo que, cuando nadie apostaba por la faena, el veterano diestro valenciano, logró mantenerlo ante su muleta con gran habilidad.

 

Confiado en el poco celo de un animal que se vio obligado a embestir en el terreno de tablas, Ponce se adornó y alardeó sin muchas apreturas, pero con la suficiente voluntad y escenografía como para que el amable público le quisiera agradecer el entretenimiento con esas dos orejas que el usía, más ecuánime, dejó en una sola, para el definitivo disgusto del torero.

 

El caso es que, concediendo también una oreja del sexto a Miguel Angel Perera, el presidente llegó a equiparar los méritos de dos faenas muy distintas en méritos, en tanto que ese último toro, por entrega en la embestida, fue el más bravo y completo de la corrida. 

 

El diestro extremeño aprovechó esa buena condición en una interesante primera mitad de trasteo, cuando, sin quitarle la tela de la cara, aprovechó en redondo la profunda y humillada inercia del animal en tres series jaleadísimas por su movimiento contínuo.

 

Pero justo al echarse Perera la muleta a la izquierda, cuando había que traerse enganchadas las embestidas, la faena fue decayendo paulatinamente hasta quedar en un largo y poco redondeado esfuerzo que remató con una fea estocada en los bajos. Y entonces fue cuando el aparentemente exigente criterio presidencial quedó en evidencia.

 

Antes Perera se había alargado con el tercero, un toro noble pero de pocas fuerzas al que asentó con temple y del quiso obtener, con poco éxito, el fruto de su paciencia ya muy avanzado el dilatado trabajo.

 

El riojano Diego Urdiales volvía a torear tras su sonoro triunfo de hace cinco días en la plaza de Las Ventas, solo que la gran expectación que le rodeaba se fue difuminando ante el peor lote de la corrida, compuesto por dos toros ásperos y de compleja condición defensiva.

 

En cambio, el torero de Arnedo se esforzó, sin obtener como resultado más que un puñado de excelentes muletazos, en tratarlos como si fueran buenos, con un asiento y una sinceridad que no cuadraban, ni se apreciaron lo suficiente, en el ambiente desenfadado de una tarde de más fiesta que Fiesta.

 

FICHA DEL FESTEJO:

Seis toros de Puerto de San Lorenzo (el 1o con el hierro de La Ventana del Puerto), con volumen y alzada y casi todos rondando por encima de los 600 kilos. En cuanto a juego, fue corrida mansona y de medidas raza y fuerzas, sin entrega, defendiéndose o rajándose, aunque manteniendo la movilidad. Las excepciones fueron el noble y dócil primero y el entregado sexto.

 

Enrique Ponce, de tinto y oro: estocada delantera (vuelta al ruedo tras aviso y petición de oreja); estocada trasera desprendida (oreja con petición de la segunda, tras aviso).


Diego Urdiales, de tabaco y oro: pinchazo y estocada (ovación tras aviso); pinchazo y media estocada delantera (ovación tras aviso).


Miguel Angel Perera, de caldero y oro: pinchazo, media estocada trasera y cuatro descabellos (silencio trsa viso); media estocada en los bajos (oreja).

Entre las cuadrillas, destacó la buena brega con el tercero de Javier Ambel, que también saludó tras dos grandes pares de banderillas al sexto.

Octavo festejo de abono de la Feria del Pilar, con lleno en los tendidos (unos 9.500 espectadores), en tarde de mucho calor.

 

Reseña de Paco Aguado. Foto de Emilio Méndez.



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